Mi vida en letras

Friday, August 21, 2009

Mi Tia Panchita

Me encontrè con la tristeza y la Nostalgia en un cuarto de hospital.
Ambas me hablaban y me mostraban imágenes al mismo tiempo, asì que comencé a llorar para enjuagar la mirada.
Entonces, lo que vi, fueron las tardes en casa de mi Tïa Panchita jugando continental, me vi de dos años llorando en mi cuna y la vi a ella entrando a consolarme; me vi de ocho años en un coche color azul, navegando en cualquier carretera, tratando de aprender de memoria las canciones que cantaban a dueto mi Tía Panchita y mi Tío Julio, "Sin un amor, la vida no se llma vida..."

Ahora, estaba ella, mi tía, a quien recordaba siempre tan alegre, sonriente, acostadita en la cama, reducida a una flor sin aroma, sin color, respirando trabajosamente, luchando contra una pesadilla que la tenía presa y exhausta.
Vi a mi tío quebrarse en pedazos cuando un doctor le dijo con lenguaje frío y técnico que tirara la esperanza de una vez, derribándole la fe con radiografías y resonancias que nada saben de ese amor de ellos, ese amor que me dio viento, y que me puso a anhelar algo igual para mi.

La tristeza me acomodó el cabello detrás de la oreja y me exhaló sus preguntas; ¿como puedes retener un momento, un recuerdo para siempre?, ¿deteniendo el mundo? ¿siendo eterna?.
Se alejó de mí, rígida, seria y se recargó en la pared mirando a mi tía.
Me senté en la silla y derramé un poco de fé en el suelo.

La Nostalgia salió del cuarto arrastrando la falda en el piso, manchando el camino a su paso de un color azul negruzco. Me vió de reojo y me lanzó una mirada de condolencia.

La tristeza se paró frente a mi, me acarició el hombro,
me levanté y me abandoné en sus brazos mientras me mostraba el tiempo transcurrido en las caras de mis padres, de mis primos, y me hizo conciente de que el reloj sólo avanza hacia adelante y que así es todo en la vida, un ciclo.

Me dolió ser un adulto.

La impotencia me perforó los huesos, y me curtió la piel con el frío de la desesperanza.
Me acerqué a mi Tía para decirle que no se rindiera, que siguiera luchando, quise decirle cuánto la quiero, que nunca había visto a mi Tío tan doblado, tan líquido, pero todas las palabras se apelmazaron formando un nudo de púas en la garganta y se me apagó la voz en una lágrima.

Me senté lentamente en la silla y me arropé con mis recuerdos,
me hicieron sentir un poco mejor.

Sin poder asimilarlo, la vida me arrastro hacia el minuto en curso, despues de sembrar esa flor en el piso, con su nombre en una piedra fria para que se recuerde su nombre, pero que no plasma su sonrisa, su calor, su historia, que solo sabe un hombre que la visita a diario y riega la tierra con lagrimas de soledad, lagrimas del amor de su vida.

Tome una foto de mi Tía que encontré en el espejo, la llevo conmigo, y quisiera que todos la hubieran conocido, que todos la recordaran como yo.
Algun dia sera mi turno de ver que hay mas alla, o solo perderme en el olvido,
por lo pronto tengo otra tristeza a cuestas.

1 comment:

•ˆ•…ηïñα dε εš†αmßrε...•ˆ• said...

...Y duele mucho ser adulta y no aceptar cosas que muchas veces una no puede una controlar...

...Duele cuando inevitablemente las cosas que duelen llegan y el amor a veces no basta para sostener una sonrisa en el rostro...

...Fe...Siempre habra para tirarla al piso y volver a levantarla de ahi cuando hace falta...

...Lo lamento...